Sombras y Memoria

Como la sombra que se vaEs una sorpresa agradable que Antonio Muñoz Molina termine esta novela (Como la sombra que se va, Seix Barral, 2014) con una escena de un personaje que apenas aparece hasta las últimas páginas y que resulta ser tan importante como cualquiera de los demás: la mujer con la que Martin Luther King está manteniendo un affair secreto sale a la puerta de su habitación en el Motel Lorraine para ver cómo los empleados limpian con fuerza las manchas de sangre que han quedado después del disparo que acabara con la vida del líder y activista: una sombra que se acaba de ir para siempre. Es ella el personaje que da la dimensión humana a esa figura política controversial que es tan lejana e irreal que no podemos entenderla ni atraparla. Georgia Davis lo convierte en hombre de carne y hueso, acabado por el alcohol y el agotamiento, lujurioso y carismático. (Pero, realmente existió una señora Davis?) No es que quiera desvelar el final de la novela, o enviar un spoiler como un aguafiestas. Esta novela no tiene principio ni final, es un constante fluir entre el pasado y el presente, un esfuerzo continuo por atrapar recuerdos que parecen difuminarse en tanto se les trata de aprehender, un caleidoscopio de eventos que no parecen tener una relación fuerte entre sí, hasta que se llega a las últimas páginas. Es un libro que da gusto leer.

Como la sombra que se va cuenta una historia ya tan conocida como lo es hoy el asesinato de Martin Luther King, una historia que no parece que merezca otro libro más, otra teoría de conspiración más; y otra no tan conocida que es la vida privada de su autor en relación con Lisboa, su génesis como escritor, sus cuitas personales, y su quehacer literario y alcohólico. Al final resulta que la historia del Dr. King y James Earl Ray, su asesino, no es tan conocida como pensábamos, y la novela nos sorprende a cada paso y en cada recoveco de Lisboa que se adentra. No estoy siquiera seguro que se pueda decir que es una novela, a lo mejor se puede entender mejor como una novela de no ficción. El autor pretende contar hechos reales, pero no estamos seguros qué tanto de la historia ha ficcionalizado. Tanto de la historia de Ray o Sneyd como la suya propia. Podría ser una ficción enmascarada dentro de una no ficción, que utiliza elementos de la novela policial y el reportaje. O podría no serlo. Esta duda es el hilo conductor de toda la novela. Y es aquí donde radica su magia y atractivo. Nunca lo sabremos, a menos que hagamos las investigaciones detalladas de los eventos y los lugares igual que Muñoz Molina lo ha hecho por nosotros. Nunca sabremos si el narrador es confiable o no, si nos ha llevado de la mano o nos ha perdido en su mundo imaginado y nos dará pistas para descifrar el enigma. La duda y la incredulidad son el elemento conductor de todo el libro, hasta que nos damos cuenta que el autor está contando todo esto en serio, y que su historia es un documental. Es en ese momento cuando pierde cierto encanto. Sin embargo no pierde nunca el encanto del fugitivo, pues todos lo hemos sido en algún momento, al igual que Ray cuando escapa a Lisboa, King cuando va a Memphis a regañadientes, Muñoz cuando visita Lisboa huyendo de una vida que no siente suya, y el lector cuando se deja llevar por el vértigo de la culpa, el desafío y la aventura del que huye y espera que ya no haya retorno.

En fin, una novela escrita con un estilo muy personal, que fluye y envuelve todo lo que cuenta sin esfuerzo, no sin tener bastantes, y felices, hallazgos y sorpresas del lenguaje que saltan a la vuelta de una esquina, insospechados. Es la obra de un escritor consumado, un maestro de la técnica y el lenguaje, pero también de alguien que se preocupa mucho por sí mismo, se toma demasiado en serio, y eso le resta un poquito a los innegables méritos literarios de la obra.

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